Hacia un Esquema Certificado de Minería Sustentable

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Hacia un Esquema Certificado de Minería Sustentable

La agenda de Suministro Responsable (Responsible Sourcing, por su denominación en inglés) ha tenido un significativo impacto en la minería y la industria de los metales en la última década. Existen expectativas y requerimientos crecientes hacia la minería por parte de gobiernos, reguladores, inversionistas, comunidades y clientes, en el propósito de evitar entre otros, el involucramiento de la extracción de minerales en conflictos armados y trabajo infantil, la ocurrencia de serios incidentes medio ambientales y de seguridad ocupacional, así como de eventos asociados a desastres climáticos y relacionados con una mala gestión de pasivos ambientales.

En respuesta a lo señalado anteriormente, distintos actores de la cadena de valor de la minería han establecido iniciativas para atender estas preocupaciones entendiendo que la única opción de desarrollo de la minería es con niveles crecientes en sostenibilidad. Los clientes de la minería han dado pasos significativos en la implementación de estándares de diseño y fabricación de productos que dan cuenta de prácticas responsables en el uso de los recursos del planeta y en el respeto a los derechos humanos y laborales. Así, la industria de la construcción dispone del esquema LEED, la de productos electrónicos del esquema ECO LABEL, y la automotriz del LCA (Life Cycle Assessment). En la actualidad existen  políticas concretas de suministro responsable para toda la cadena de valor de empresas como Apple, BMW, Samsung, ABB, Intel, Volkswagen, entre muchas otras, para distintos materiales incluido el cobre. En otras palabras, ya no basta con comercializar un metal con propiedades sobresalientes, sino que, además, es fundamental dar cuenta del impacto que ocurrió al producir ese metal y que compromisos de mitigación y de gestión en el tiempo ha adquirido el productor para minimizar ese impacto social y ambiental.

La minería en respuesta a esta tendencia también ha dado pasos importantes hacia la implementación de prácticas responsables que dan cuenta de un uso más sustentable de los recursos del planeta, así como de una mejor inserción en el contexto social en que su actividad se desarrolla. Algunos ejemplos de estas prácticas incluyen la adopción del GRI-Global Reporting Initiative-; RJC –Responsible Jewellery Council-, y el CFSI- Conflict-Free Sourcing Initiative, entre muchas otras.

La minería del cobre, habiendo adoptado el GRI hace muchos años, está consciente que este esquema de reporte no es suficiente para las exigencias que el mercado le está señalando. El GRI es un esquema de reportabilidad, en donde las empresas se obligan a informar de su impacto en diversas variables ambientales, económicas y sociales. Sin embargo, éste no incorpora prácticas de mejoramiento continuo en donde las empresas tomen medidas para disminuir su impacto sobre el territorio y por ende contribuir a un mejor planeta.

Otros sectores mineros han avanzado hacia esquemas de sustentabilidad incorporando variables de orden ambiental, social y de gobernanza, en donde el énfasis no es a aumentar las variables a considerar, sino a profundizar la gestión sobre las mismas, pasando de reportar a la implementación de medidas de evaluación y gestión del riesgo sobre el territorio, con compromisos sitio específicos de mejoras y con amplia incorporación de los stakeholders. A la fecha destaca la iniciativa del aluminio- ASI: Aluminum Stewardship Initiative-; y los esquemas en desarrollo en la industria del acero, del zinc, del cobalto y del plomo entre otros. Río Tinto aluminio es la primera empresa certificada en el esquema ASI, y otras empresas como Alcoa, Russal, entre otras, han generado marcas diferenciadoras para su producción de aluminio obteniendo un premio de mercado por sus prácticas sustentables.

La ASI es un esquema de sustentabilidad de la industria del aluminio que aborda toda la cadena de valor desde la extracción de la bauxita hasta la elaboración de productos terminados, encontrándose entre sus miembros fundadores las empresas  Río Tinto y Nespresso. Además, cuenta con la participación de NGOs como WWF, lo que entrega una altísima validación de terceros, independientes a la cadena de valor, al proceso de certificación que se otorga, convirtiendo este proceso en creíble y confiable para distintos stakeholders.

Para que las empresas que utilizan el aluminio puedan dar cuenta que hacen uso de aluminio proveniente de empresas bajo este esquema de sustentabilidad, la ASI ha generado dos protocolos de certificación de la Cadena de Custodia- CoC-, siendo ellos los “Balances de Masa” y los “Market Credit”. El primero de ellos requiere que toda la cadena de producción desde la mina hasta el productor final esté certificada, lo que implica que ésta no puede estar interrumpida por alguna empresa/proceso que no lo esté. Conscientes que en una primera etapa no se tendrá toda la cadena de producción certificada, existe la alternativa de Market Credit, en donde una empresa extractiva debe certificar su proceso hasta la etapa en que obtiene aluminio metálico, es decir hasta el casting en donde se obtienen los lingotes de aluminio. Esto permite establecer una unidad física certificada.

Con el fin de no duplicar esfuerzos, el desarrollo de la ASI definió como un elemento clave la homologación, es decir, reconocer otros esquemas de sustentabilidad/normas que existen en la minería y que satisfacen sus expectativas de gestión. Entre ellos se cuenta con la OECD Due Diligence Guidance for Responsible Supply Chains of Minerals from Conflict-Affected and High Risk Areas; la International Association of Impact Assessment para la evaluación de impacto biofísico y social, y la GRI para reportar.

En respuesta a lo hecho por la industria del aluminio (principal sustituto del cobre en todos los segmentos de consumo), la industria del cobre se encuentra desarrollando desde el año 2018 bajo el alero de la International Copper Assotiation (ICA) la iniciativa denominada ‘Copper Mark’, que en parte trata de homologar lo realizado por la industria del aluminio. Al momento de plantearse un esquema de sustentabilidad certificado para el cobre, es relevante tener a la vista la experiencia de la industria del aluminio de modo diseñar una estrategia que incorpore lecciones aprendidas, así como buenas prácticas de modo lograr su desarrollo en forma efectiva y eficiente, acelerando el proceso de dar respuesta a los nuevos estándares que los clientes finales del sector le imponen a los productores de cobre y otros metales. El hecho de que la industria del cobre haya partido tarde en un proceso de certificación es una amenaza que hay que convertirla en oportunidad, dado que las expectativas de mercado cambian rápidamente y existen diálogos consolidados en otros sectores. Postergar este tipo de iniciativas solo llevará a que la industria del cobre sea sometida a otros esquemas de certificación ajenos a la realidad de nuestra industria presionada por bancos, inversionistas, clientes y usuarios finales, con consecuencias potencialmente negativas en términos de adoptar criterios de trazabilidad y certificación engorrosos y burocráticos, además de nuevas regulaciones que limiten el acceso a los mercados.

En línea con lo anterior, la Bolsa de Metales de Londres (LME), principal mercado terminal de las marcas de cobre catódico grado A registrados en dicha bolsa, acaba de definir el año 2025 como fecha límite para prohibir de las listas de marcas aprobadas de la LME, al metal cuya extracción no cuente con la garantía de producción responsable.

Finalmente, es importante relevar que adoptar un esquema de sustentabilidad certificado y trazable ha dado cuenta de importantes beneficios en ámbitos de productividad y sustentabilidad. ISEAL (2017) reportó, en base a un análisis de 40 estudios de producción verde en diferentes sectores productivos (minería, pesca, agricultura y forestal), beneficios tan relevantes como aumento de un 53% de las ganancias, una reducción de un 30% de los costos, y un mejoramiento en un 60%  de la reputación.

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